jueves, 6 de abril de 2017

segundo capitulo

Las raciones depositadas en cada bandeja eran insignificantes y espantosas, una papilla que no tenía sabor y la textura era terrible. La ración siempre eran la misma cantidad y a la misma hora. Independiente el hambre que se mantenía en la mayoría de los integrantes del grupo, el apetito rápidamente se le escapaba de sus mentes cuando depositaban la bandeja en los dispensadores. La comida estaba desparramada sobre el plato y el vaso donde bebían agua estaba sucio y mal oliente. Aun así Drago parecía muy emocionado por la comida, su cuerpo lo necesitaba, su musculatura lo pedía a gritos.
Lita retiro su bandeja poco animada, odiaba tanto como a sus compañeros la comida, pero sabía que sin ella moriría de hambre. Se la llevo a una esquina y comió lejos de la mesa donde estaban los otros dos. Recordó que la primera vez que una cucharada de esa bazofia alimenticia había tocado sus papilas gustativas, había terminado con arcadas, para luego vomitar todo lo que había guardado antes de llegar a ese lugar. Una vez intento un suicidio por medio del hambre, fue bastante doloroso, había llegado a etapas donde con suerte podía levantarse una vez al día. Pero los "otros" los vigilaban y no la dejaron morir de inanición. Con el tiempo se fue acostumbrando, ahora comía con indiferencia, solo para sobrevivir.  Recurría como siempre a la única salida de ese lugar, a los pequeños recuerdos de su niñez, hace 18 años. 
-18 años metida en esta porquería-pensó. El ánimo se le amargo y la comida comenzó a agarrar un mal sabor. Miro hacia al frente, era bueno abandonar su mente en esos momentos. Vio como Calila observaba comer a su hombre. Había comido la mitad de su plato y se lo había dado al rubio que comía sin guardar modales. Lita llevo su plato adelante y se recostó en el piso.
-¿Qué, no lo quieres?-Drago le hablaba con la boca manchada con el naranjo del puré que le habían servido.
Lita lo observo por un momento, pensó en negarse, pero ya todo le daba igual, este definitivamente no era su día, bueno tampoco su vida. Hizo una pequeña afirmación con la cabeza y poso su rostro sobre sus brazos para dormir. El hombre no lo pensó dos veces, corrió hacia el plato. Levanto un poco de polvo que a Lita le molesto, pero que no reclamo. Drago volvió a la mesa y siguió comiendo.
Un aire helado corrió por todos lados, Lita se acurruco más a la tierra y suspiro con desgano. Cálmate lita-se repetía en sus adentros-cálmate. Tenía ganas de llorar, de gritar. Pero lagrimas ya no le quedaban y gritar no le serviría de nada. Siguió susurrando en su mente, una tras otra vez se repetía, hasta que todo el exterior se borró. Ahora estaba en sentada, quieta, observando a Pilar, madre de Calila.
-cuando el buen Jack volvió-tenía una voz avejentada, carraspeada. Era castaña oscura, y de aspecto fuerte. Tenía una herida en la pierna derecha, donde casi no tenía tejido muscular.- su mirada había cambiado. Le pregunte que había visto, pero él nunca quiso contarnos que había más allá.
Lita lo sabía, había nacido más allá de las fronteras, pero a lo que se refería Pilar, era a la aldea de los otros. Algo había visto Jack que sus ojos estaban muertos, según Pilar.
Las dos chicas pequeñas observaban cálidamente el relato de la mujer. Calila de unos 14 estaba sentada al lado de lita, que tenia solo 11 años.
-Jack siguió saliendo cada mañana, y todas las veces que regresaba su mirada era aún más triste- Pilar se tomó el pelo pajoso y lo ato con una cuerda. Suspiro por un momento, con la vista perdida en el vacío. Las niñas comenzaron a desesperarse. Pilar tomo aliento y continuo- cuando lo conocí me contó muchas hazañas- intento mostrar una sonrisa mientras cambiaba el tema, pero sus ojos mostraban tristeza.
-ay mamá-intervino Calila con desgano-espero que no sea una de esas que siempre cuentas.
Pilar se acercó y le acaricio la barbilla.
-les conté cuando el buen Jack fue atrapado por cinco de los otros y fue torturado por un día hasta que…
-si mamá- dijo la niña con voz tediosa, Calila estaba aburrida. Lita prefirió guardar silencio.
-estos niños de hoy- meció la cabeza y su pelo pajoso no se movió- bueno anda con tu padre que está en el gimnasio.
La niña se paró y corrió feliz donde su padre. Calila era la viva imagen de su papá, un hombre hermoso de piel lisa y pelo oscuro como la noche. Tenía un cuerpo fibroso y limpio de bellos. Sus cejas eran perfectas, tal como eran las de Calila, pero debajo de ellas estaba lo feo del hombre. Su vista era desquiciada, expandían una energía tétrica, si lo observabas más del tiempo debido, tus pelos comenzaban a erizarse. Lita nunca vio una escena violenta del hombre, pero como Pilar se refería a él, parecía que le tenía miedo. Calila era la única que no parecía notar esa oscuridad en su padre.
Los ojos tristes de Pilar llamaban la atención de lita, se había quedado sentada observándola. Esos ojos ocultaban historias mucho más de lo que la madre de Calila contaba. Pilar también había sido una mujer libre, aunque no acostumbraba a contar su historia. La única vez que hablo de su madre, su gesto había cambiado. El entusiasmo no era el mismo con el que se expresaba de Jack, que cada vez que mencionaba algo de él, lo hacía con un deje de admiración. Cuando ella hablo de su madre, en su rostro se veía temor, tristeza, cosas que no quería recordar. Quizás por eso mismo entendía a Jack y no lo presionaba a que le contara más sobre la aldea.
La mujer noto la mirada cargada de lita, noto que su rostro estaba hablando por si solo así que se apresuró en dibujar su rutinaria sonrisa falsa.
-chica, ¿no quieres ir con Calila?- amplio su sonrisa, hasta que sus ojos desaparición de lo achinados que estaban.
-¿cómo llegaste acá Pilar?
El rostro le cambio, se enmudeció. La pregunta la descoloco hasta el punto de no alcanzar a aparentarlo. De repente todo los sonidos ambientes se intensificaron. En el rostro de la vieja pilar se veía la interrogación, ¿cómo respondería a tal pregunta?

Un viento aún más fuerte se coló por la parte de arriba del overol, el hielo recorrió su espalda hasta que la despertó. Cuando abrió los ojos, la luz ya estaba por irse. El aire estaba mucho más frio. Se apoyó en sus manos y miro a su alrededor. Calila y Drago estaban abrazados a una esquina. Lita se paró y camino al medio del lugar, miro lo único que aun podía gozar de la libertad. El cielo.
-¿que habrás visto Jack? que no quisiste hablar de ello- le pregunto a las pocas estrellas que se veían. pero ninguna de ellas le respondió, en cambio se ocultaron con las espesas nubes mas la luz que irradiaba de los otros.

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