Las raciones depositadas en
cada bandeja eran insignificantes y espantosas, una papilla que no tenía sabor
y la textura era terrible. La ración siempre eran la misma cantidad y a la misma hora. Independiente
el hambre que se mantenía en la mayoría de los integrantes del grupo, el
apetito rápidamente se le escapaba de sus mentes cuando depositaban la bandeja
en los dispensadores. La comida estaba desparramada sobre el plato y el vaso
donde bebían agua estaba sucio y mal oliente. Aun así Drago parecía muy
emocionado por la comida, su cuerpo lo necesitaba, su musculatura lo pedía a
gritos.
Lita retiro su bandeja poco
animada, odiaba tanto como a sus compañeros la comida, pero sabía que sin ella moriría de hambre. Se la llevo a una esquina y comió lejos de la mesa donde
estaban los otros dos. Recordó que la primera vez que una cucharada de esa bazofia
alimenticia había tocado sus papilas gustativas, había terminado con arcadas,
para luego vomitar todo lo que había guardado antes de llegar a ese lugar. Una vez
intento un suicidio por medio del hambre, fue bastante doloroso, había llegado
a etapas donde con suerte podía levantarse una vez al día. Pero los "otros" los
vigilaban y no la dejaron morir de inanición. Con el
tiempo se fue acostumbrando, ahora comía con indiferencia, solo para
sobrevivir. Recurría como siempre a la única
salida de ese lugar, a los pequeños recuerdos de su niñez, hace 18 años.
-18
años metida en esta porquería-pensó. El ánimo se le amargo y la comida comenzó
a agarrar un mal sabor. Miro hacia al frente, era bueno abandonar su mente en
esos momentos. Vio como Calila observaba comer a su hombre. Había comido la
mitad de su plato y se lo había dado al rubio que comía sin guardar modales. Lita
llevo su plato adelante y se recostó en el piso.
-¿Qué, no lo quieres?-Drago
le hablaba con la boca manchada con el naranjo del puré que le habían servido.
Lita lo observo por un
momento, pensó en negarse, pero ya todo le daba igual, este definitivamente no
era su día, bueno tampoco su vida. Hizo una pequeña afirmación con la cabeza y
poso su rostro sobre sus brazos para dormir. El hombre no lo pensó dos veces, corrió
hacia el plato. Levanto un poco de polvo que a Lita le molesto, pero que no
reclamo. Drago volvió a la mesa y siguió comiendo.
Un aire helado corrió por
todos lados, Lita se acurruco más a la tierra y suspiro con desgano. Cálmate lita-se
repetía en sus adentros-cálmate. Tenía ganas de llorar, de gritar. Pero lagrimas
ya no le quedaban y gritar no le serviría de nada. Siguió susurrando en su
mente, una tras otra vez se repetía, hasta que todo el exterior se borró. Ahora
estaba en sentada, quieta, observando a Pilar, madre de Calila.
-cuando el buen Jack volvió-tenía
una voz avejentada, carraspeada. Era castaña oscura, y de aspecto fuerte. Tenía
una herida en la pierna derecha, donde casi no tenía tejido muscular.- su mirada
había cambiado. Le pregunte que había visto, pero él nunca quiso contarnos que había
más allá.
Lita lo sabía, había nacido más
allá de las fronteras, pero a lo que se refería Pilar, era a la aldea de los
otros. Algo había visto Jack que sus ojos estaban muertos, según Pilar.
Las dos chicas pequeñas
observaban cálidamente el relato de la mujer. Calila de unos 14 estaba sentada al lado de
lita, que tenia solo 11 años.
-Jack siguió saliendo cada
mañana, y todas las veces que regresaba su mirada era aún más triste- Pilar se tomó
el pelo pajoso y lo ato con una cuerda. Suspiro por un momento, con la vista
perdida en el vacío. Las niñas comenzaron a desesperarse. Pilar tomo aliento y
continuo- cuando lo conocí me contó muchas hazañas- intento mostrar una sonrisa
mientras cambiaba el tema, pero sus ojos mostraban tristeza.
-ay mamá-intervino Calila con
desgano-espero que no sea una de esas que siempre cuentas.
Pilar se acercó y le acaricio
la barbilla.
-les conté cuando el buen Jack
fue atrapado por cinco de los otros y fue torturado por un día hasta que…
-si mamá- dijo la niña con
voz tediosa, Calila estaba aburrida. Lita prefirió guardar silencio.
-estos niños de hoy- meció la
cabeza y su pelo pajoso no se movió- bueno anda con tu padre que está en el
gimnasio.
La niña se paró y corrió feliz
donde su padre. Calila era la viva imagen de su papá, un hombre hermoso de piel
lisa y pelo oscuro como la noche. Tenía un cuerpo fibroso y limpio de bellos. Sus
cejas eran perfectas, tal como eran las de Calila, pero debajo de ellas estaba
lo feo del hombre. Su vista era desquiciada, expandían una energía tétrica, si
lo observabas más del tiempo debido, tus pelos comenzaban a erizarse. Lita nunca
vio una escena violenta del hombre, pero como Pilar se refería a él, parecía que
le tenía miedo. Calila era la única que no parecía notar esa oscuridad en su padre.
Los ojos tristes de Pilar llamaban
la atención de lita, se había quedado sentada observándola. Esos ojos ocultaban historias mucho más de lo que la madre de Calila contaba. Pilar también había sido una mujer libre, aunque
no acostumbraba a contar su historia. La única vez que hablo de su madre, su
gesto había cambiado. El entusiasmo no era el mismo con el que se expresaba de Jack,
que cada vez que mencionaba algo de él, lo hacía con un deje de admiración. Cuando
ella hablo de su madre, en su rostro se veía temor, tristeza, cosas que no quería
recordar. Quizás por eso mismo entendía a Jack y no lo presionaba a que le
contara más sobre la aldea.
La mujer noto la mirada cargada
de lita, noto que su rostro estaba hablando por si solo así que se apresuró en
dibujar su rutinaria sonrisa falsa.
-chica, ¿no quieres ir con Calila?- amplio su sonrisa, hasta que sus ojos desaparición de lo achinados que
estaban.
-¿cómo llegaste acá Pilar?
El rostro le cambio, se enmudeció. La pregunta la descoloco hasta el punto de no alcanzar a aparentarlo. De repente todo los sonidos ambientes se intensificaron. En el rostro de la
vieja pilar se veía la interrogación, ¿cómo respondería a tal pregunta?
Un viento aún más fuerte se coló
por la parte de arriba del overol, el hielo recorrió su espalda hasta que la despertó.
Cuando abrió los ojos, la luz ya estaba por irse. El aire estaba mucho más
frio. Se apoyó en sus manos y miro a su alrededor. Calila y Drago estaban
abrazados a una esquina. Lita se paró y camino al medio del lugar, miro lo único
que aun podía gozar de la libertad. El cielo.
-¿que habrás visto Jack? que no quisiste hablar de ello- le pregunto a las pocas estrellas que se veían. pero ninguna de ellas le respondió, en cambio se ocultaron con las espesas nubes mas la luz que irradiaba de los otros.